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Sintiendo Nuestro Camino Hacia Un Nuevo Mundo

Por Heather Fraser

El mundo que yo recuerdo y he traído en mi corazón desde la eternidad se está acercando. Las antiguas voces que me hablan, me dicen que sentir es orar. Si no estamos sintiendo, no estamos viviendo.

La mayoría de nosotros hemos olvidado cómo es sentir realmente. Sabemos lo que son el enojo, la frustración, la ansiedad, el estrés, la histeria, los celos, el aburrimiento, la felicidad, la emoción y la vergüenza. Estas no son sino algunas de nuestras emociones humanas. Pero esos no son sentimientos. Son más bien estados agitados de la mente. Sentir es moverse y bailar al ritmo de nuestro corazón. Sentir nuestras vidas, cada centímetro de ellas, es experimentar lo divino. Desde la agonía hasta el éxtasis, todo es una expresión de lo que es santo. Nuestro corazón es el cáliz que contiene el sagrado elixir de la vida. Beber profundamente de su sabiduría y de su hermosa gracia dolorosa, es conocer a Dios.

En dónde más podemos saber el significado de nuestra existencia que a través de las misteriosas cámaras del corazón. Este es el pasaje al infinito, y es a través de esta vasija antigua latente, rítmica, de sentimiento – el amor y el dolor – que nosotros sabemos que estamos vivos.

Y de esta manera, sentir verdaderamente se convierte frecuentemente en la razón por la cual la mayoría de nosotros queremos permanecer entumecidos. Sentir puede ser aterrador. Y sí, algunos de nosotros podemos estar incluso más asustados de sentir amor que miedo. De hecho, creo que la mayoría de nosotros estamos tan acostumbrados a sentir miedo y dolor, que abrirnos y abrir nuestros corazones al amor es nuestro mayor miedo de todos. Y sin embargo, esa es nuestra única salvación.

Todos hemos bailado íntimamente con el dolor y el sufrimiento. Conocemos esa danza. Nuestros movimientos son robóticos y sin vida. Permanecemos en la oscuridad de nuestras vidas perfectamente controladas. Cada segundo contabilizado, cada decisión perfectamente planeada con mucha anticipación. Siendo nuestro error fatal el haber apagado la vida. En nuestros esfuerzos por no sentir más dolor, nos hemos convertido en nuestros propios carceleros. Prisioneros estamos, con las llaves de la libertad justo en nuestras manos, las llaves que abrirán nuestros corazones y permitirán que inicie el descongelamiento.

Si nos estamos moviendo a través de nuestras vidas enraizadas en el miedo de sentir totalmente la magnitud de nuestra propia grandeza, de nuestra propia divinidad, ¿qué tipo de oraciones piensas que le estamos ofreciendo al mundo? Si sentir es orar, y nuestros sentimientos son la energía detrás de todo nuestro poder creativo y de manifestación, podemos comenzar a ver el grave error de nuestras formas de actuar. Vivir en el miedo es orar por el miedo. Vivir en el entumecimiento es orar por él. No sentir nada es no orar.

Esto es lo que los ancestros querían que supiéramos ahora. Por eso estamos comenzando a despertar y recordar las viejas formas. Por eso tenemos un corazón. Para poder sentir todo. Mantener nuestros sentimientos atrapados dentro es coquetear con el desastre. Los sentimientos son fuerza vital. Crean movimiento. Cuando no se expresan crean estancamiento. El estancamiento crea bloqueo. El bloqueo es fuerza vital congelada que crea masas. Cuando hay un bloqueo, la fuerza vital no puede fluir. Si la fuerza vital no puede fluir, la poesía de la vida desaparece de la vista, y nuestra existencia misma es comprometida.

Se requiere de coraje para dejar que nuestros corazones se descongelen, para sentirse lo suficientemente vulnerables para dejar que las grandes olas del dolor y el sufrimiento inunden y laven nuestros miedos. Pero mientras más nos permitamos desenredar y relajar estas cintas de restricción, estas penas congeladas, más rápidamente nos asombraremos de lo corto que es el movimiento del dolor emocional, de lo rápido que se va, libre al fin para ser transmutado a la vida misma, y nosotros nos quedamos aturdidos y preguntándonos por qué nos aferramos a él por tanto tiempo.

Cuando nos damos permiso de tener sentimientos incómodos (lo cual es un acto masivo de auto amor) estamos abriendo la puerta que nos lleva por el camino de la libertad. Es aquí, conforme caminamos juntos, conforme lloramos, conforme dejamos ir, que comenzamos a sentir algo más. Comenzamos a sentir pequeños rayos de alegría. Comenzamos a notar a la persona que camina a nuestro lado. Notamos que no somos diferentes, que queremos lo mismo – ser libres – libres para amar, libres para sentir. Comenzamos a ver la belleza de los árboles conforme caminamos, el baile de las flores moviéndose en la brisa, la calidez del sol que da vida a todo ser viviente, la calma del cielo al mirar hacia arriba y dar gracias por lo que acabamos de darnos cuenta… que NOSOTROS somos la paz silente de Dios, nuestros corazones el lugar donde mora este poder inconmensurable y benevolente. Antes de saberlo, la alegría nos llena y se derrama. Sabemos que es imposible contenerlo. Sabemos que debemos compartirlo.

Y con este conocimiento profundo comenzamos a creer, más allá de la sombra de la duda, que el destino de nuestro mundo, y nuestra libertad para moldear la una vida que amamos, depende de nosotros. Comenzamos a confiar en nuestra habilidad para usar la energía del amor para crear unidad – primero en nosotros mismos – vaciando amablemente nuestros corazones a la paz silente de Dios, quien ha estado esperando pacientemente nuestro regreso.

Esto es lo que significa sentir. No podemos separarnos del dolor, aunque hagamos lo mejor que podamos para enterrarlo lo más profundo posible. No podemos separarnos de lo Divino. Los dos son uno. Dios es todo. Dolor y pena. Amor y alegría. Mientras más intentamos reprimir cómo nos sentimos, más construimos paredes que bloquean la luz del amor. Pero esta luz sigue brillando. No puede apagarse. No puede ser extinguida. Brilla hasta el infinito, amándonos, sanándonos, apoyándonos, seamos o no conscientes de ello, queramos o no. Podemos darle la espalda, podemos cerrar nuestros ojos, podemos construir las paredes. Podemos hacer todo esto intentando sentirnos separados, sentirnos en control, intentando alinearnos solamente con aquello que es práctico, responsable, factual y seguro. Pero todo esto, toda esta energía fanática empleada para mantenernos idiotas a nosotros mismos y a los demás, lentamente debilitará nuestras vidas perfectas, y se comenzará a formar lentamente una grieta.

Y como escribió alguna vez un legendario poeta y escritor, Leonard Cohen, “es a través de la grieta que la luz entrará.”

Allí estará. Brillando para nosotros. Allí estará sin esconderse nunca más de nuestros corazones por nuestras viejas creencias de que no tenemos poder ni valemos la pena. ¿Por qué más habríamos elegido darle la espalda? Dejarla entrar iluminaría las mentiras que nos hemos estado diciendo a nosotros mismos, y esto sería doloroso. Mientras permanezcamos a oscuras, podemos sentir que nuestras falsas creencias sobre nosotros mismos son verdaderas, que nuestras identidades siguen intactas y ancladas a este mundo en el que vivimos tan cómodamente. Este es el pago subyacente por permanecer dormidos. Comodidad. Seguridad. Identidad. Lo conocido.

El gran despertar es acerca de todos nosotros abriendo la grieta. No tiene caso continuar intentando mantenerlo todo junto. La verdad acerca de quiénes somos y de lo que tenemos el poder para crear en este mundo VA a ser conocida. Podemos ya sea dejar ir y aceptar este proceso evolutivo por el que vamos a pasar, y movernos a través de él con relativa facilidad y gracia, o podemos agarrarnos fuertemente, resistiéndonos en cada paso del camino, causando gran incomodidad, lucha y caos.

¿Qué significaría saber que somos poderosos y que valemos la pena? ¿Qué significaría saber que somos creadores de TODO – que somos así de poderosos? ¿Qué significaría saber que somos, de hecho, la luz de Dios?

Aquí es a donde nos han pedido ir: a este nuevo mundo. Dentro de esta nueva identidad. Pero este es un prospecto aterrador para mucho de nosotros. Si vamos a creer que lo que hemos identificado durante mucho tiempo con nosotros mismos no es verdad, ¿entonces quién sería? La pérdida de identidad puede asustarnos. Si vamos a renunciar a todo lo que hemos sostenido por tanto tiempo, todas las creencias profundamente sembradas, ¿cómo sobreviviríamos? ¿Sobreviviremos? ¿Podemos soportar que nuestros corazones se abran y sentir el dolor de nuestra ignorancia y la alegría de nuestra salvación recién encontrada?

Aquí es donde muchos de nosotros sentimos miedo de pisar. Pensamos que no sobreviviremos a nuestros sentimientos, nuestro poder y nuestra falta de valor. Pero lo haremos. Está escrito. Es nuestro destino. El mundo de dualidad, el único que la mayoría de nosotros hemos conocido, está llegando a su fin. Y está terminando en nuestras mentes. No, la tierra no va a explotar o desaparecer. Está terminando a través del poder de nuestras mentes para crear algo más. Algo basado en nuevas creencias acerca de qué y quiénes somos. Algo que se siente más como unidad, y menos como miedo y separación. Conforme nos movemos hacia esta nueva consciencia, como por arte de magia nuestros ojos comenzarán a ver un nuevo mundo. Aquí está la antigua profecía de un nuevo mundo, un nuevo pueblo, que llegará a la luz. Somos NOSOTROS. Estamos emergiendo de la crisálida de la transformación hacia una libertad que va más allá de nuestra más salvaje imaginación…

 

Copyright 2009 Heather Fraser — www.heatherfraser.com Ontario, Canada


Sobre Heather Fraser

Heather Fraser, nacida el 30 de Diciembre de 1963 en Toronto, se mudó a África a la edad de 9 años. Fue aquí donde Heather comenzó a entender la conexión de todo lo viviente y llegó a conocer la gracia y la sabiduría de los mundos natural y esotérico. Su viaje infinito de transformación y sanación, la ha llevado al destino más rico y más buscado siempre – casa – el alma. Este lugar de profunda consciencia y auto-aceptación de sus especiales dones de sensibilidad, empatía e intuición, le han dado toda la pasión e inspiración necesarias para escribir y enseñar lo que ha aprendido acerca de honrar al Ser y nutrir el alma – el verdadero propósito de nuestra existencia. Heather se especializa en consejería, re-educación, y validación profunda de aquellos que son altamente sensibles, intuitivos, empáticos, ayudándolos a aceptar estos rasgos como los dones que tienen y a expresarlos orgullosamente y sin vergüenza.

Es una escritora dotada, prolífica y exitosa, además de poeta y conferencista con lectores alrededor del mundo, así como practicante de Sanación Reconectiva, de Tocar para Sanar Nivel III, y una antigua Consultora Nutricional Holística, RNCP. Heather es la orgullosa madre de una hija llamada Sage, quien es también altamente intuitiva, sensitiva y empática. Viven juntas en Ontario, Canada, con su gato y su divertido pájaro. Para más información, o para contactar a Heather, por favor visita su sitio en www.heatherfraser.com